Saltar al contenido
Portada » La guerra de…

La guerra de…


Ricardo Ruiz de la Sierra – 1 de abril de 2025


He leído que a lo largo de la historia muchas guerras y, su consiguiente catástrofe humana, han ocurrido independientemente de los problemas, por el trauma o el complejo de una sola persona con poder.

El poder siempre genera abuso, pero sobre todo cuando se concentra en pocas personas o en algún narcisista mentiroso (parece que estos atraen a los electores últimamente). Los Reyes y los Nobles antes y ahora algunos Presidentes guerrean para ampliar sus dominios pero los muertos siempre los pone el pueblo. Isabel la Católica, originó una poco cristiana guerra civil con miles de bajas, hambre y ruina por el avaricia de gobernar sobre la legítima heredera. Franco por la conspiranofobia judeo-masónica y bolchevique. El engreído Káiser Guillermo empezó la primera guerra mundial porque añoraba colonias donde expandirse. Más tarde otro hombre con poder y resentido de la derrota, Hitler, empezó la segunda. Truman, un comerciante de camisas anticomunista, la acabó tirando dos bombas atómicas sobre población civil para advertir a Stalin. Este, obsesionado con sufrir un atentado, eliminó a una gran parte de los habitantes de la URSS. Netanyahu procesado en su país, elude la condena matando niños y mujeres.

Decenas de “iluminados” narcisistas, megalómanos, traumatizados o acomplejados (por su estatura: Franco, Mussolini y Putin) con mando han causado y causan un gran sufrimiento a la humanidad. Bien es verdad que siempre encuentran algún interesado económicamente, psicópata o intelectual que les apoye. Por cierto, “una docena de hombres tuvieron en el siglo XX la capacidad de iniciar una guerra nuclear” (Charles Von Doren).

“Afirmar que la guerra es inevitable supone no responsabilizar a nadie por destruir la paz. Todas las guerras han estallado debido a decisiones específicas de personas. Y cada una de ellas podía haber actuado de manera diferente.” (Cinthia Enloe). Es insoportable, en estos tiempos del Homo Videns volver a la crueldad del pasado.

El rearme de Europa que se propone recuerda mucho a la “paz armada” donde prendió la chispa de la primera conflagración mundial de 1914. Los europeos deberíamos unir nuestras fuerzas (no quiero ser iluso desmantelando ejércitos o policías ciudadanas) y crear una defensa propia. La OTAN no tiene sentido desde el momento en que se deshizo el Pacto de Varsovia ¿Cuál es el peligro real para Europa ahora que Trump gobierna? ¿Putin? Este sátrapa nostálgico, solo es un peligro para Ucrania. En la rápida caída del Telón de Acero no se cerraron algunos aspectos territoriales (Crimea fue un regalo de Jruhchov a Ucrania en la década de los cincuenta). Los dirigentes europeos pueden apoyar a Ucrania, pero no deberían haber prometido a Zelenski entrar en la OTAN ni dejar que USA, aprovechando la Alianza Atlántica, despreciara a Rusia instalando misiles cerca. Se equivoca J.Borrell una vez más cuando dice “no se puede ser herbívoro en un mundo de carnívoros”. La buena diplomacia lo es todo.

USA, Rusia y China no han dejado de incrementar su gasto en armamento (la primera les dobla en presupuesto), pero no por ello debemos entrar en la carrera armamentística de la “ley del más fuerte” sino del más sabio y dialogante. Hay que seguir confiando en los pueblos (los dirigentes no son eternos). Si quieres paz prepárate para la paz, no para la guerra. Prepararse para la paz requiere confiar, comerciar, colaborar, acordar, progresar juntos hacia el estado de bienestar (que no es compatible con un elevado gasto militar y que USA, Rusia y China envidian). Hay que volver a dialogar en los múltiples foros internacionales, aplicar el derecho internacional ya existente y rebajar el temor mental.

El mundo debe ser para todas las personas o no será. Luchar solo contra los desequilibrios económicos y climáticos que obligan a moverse a la población, contra el peligro de una confrontación nuclear y de la Inteligencia Artificial.  El nacionalismo de “mi país para mis paisanos” ya ha provocado demasiados muertos. Los derechos, la solidaridad y la compasión deben ser para todos los humanos sin excepción, como dicen las religiones. Porque la fe en el laicismo ya está predicando el miedo, que no hay para todos, que la riqueza no se reparte, que hay que armarse, poner vallas en las fronteras y leyes antiinmigración deshumanizadoras cuando todos somos descendientes o nos hemos aprovechado de ella.   Europa tiene que reforzar el poder militar si, pero de la ONU. Mediar para que su Asamblea General sea quien tome las decisiones en materia de seguridad, en proporción a la población de cada país, sin los vergonzosos vetos de los poderosos. Intentar que sobre la ONU recaiga la autoridad moral, la fuerza disuasoria y sobre el terreno (cascos azules) para actuar contra la impunidad del dictador, genocida o abusador de turno. Solo habría las guerras justas y quizá la fuerza de la ética humanista se impondría.